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La España del Futuro: Industria y Tecnología

 

Hace 10 años, antes de que la gran crisis económica asolara nuestro país, recuerdo que discutíamos con envidia el caso del milagro económico de Finlandia. Lo recordaré muy brevemente: Tras caer el muro de Berlín en 1989, Finlandia se encontró de pronto con que se quedaba de la noche a la mañana sin clientes para sus productos, que vendía mayoritariamente a los países comunistas de la órbita soviética. Caída brutal del PIB, desempleo galopante, crisis financiera…  Ante ese panorama desolador, Finlandia reaccionó y en sólo una década fue capaz de transformarse en el país más competitivo del mundo. A partir de entonces, Finlandia ha sido envidiado por su sistema educativo sin parangón, su sistema de bienestar social inclusivo y solidario, y una economía moderna, próspera e innovadora.

Cuando se estudian las razones de ese milagro, siempre se habla, y con razón, del fantástico sistema educativo finlandés, que efectivamente es la base sobre la que edifica su presente y su futuro. Sin embargo, se suele obviar otra gran explicación que está detrás del éxito económico finlandés: un importante conjunto de pequeñas y medianas empresas industriales modernas, tecnológicas e innovadoras, líderes mundiales en sus sectores, que son la base de la economía del país. Finlandia había sido un país dependiente de industrias tradicionales, como la maderera o la minera, y gracias a un proceso de “destrucción creativa” impulsado por su gran crisis, se creó una base industrial potentísima de empresas tecnológicamente en punta de lanza en dichos sectores tradicionales, y en sectores tecnológicos complementarios, como las ingenierías o incluso las telecomunicaciones. Finlandia podía tener el mejor sistema educativo del mundo, pero era también un país eminentemente industrial y tecnológico.

Durante los pasados 7 años de crisis económica, España ha vuelto a batir récords mundiales con sus tasas de desempleo. Siempre me he preguntado qué tiene España que nos hace ser tan débiles en materia de empleo. Cuando las cosas se tuercen en otros países, las alarmas suenan si se alcanzan tasas de desempleo del 10%. En España, cuando la economía se resfría, superamos con creces niveles de desempleo del 25. ¿Qué tiene España de especial?

La respuesta, como siempre, es compleja. Pero, ¿no será la falta de una gran base de empresas industriales uno de nuestros principales talones de Aquiles?

Somos una potencia turística de primer nivel mundial, tenemos una agricultura que es la envidia de medio mundo, tenemos un sector servicios bien desarrollado y moderno. Y con todo ello, tenemos una tasa de desempleo superior al 25%. ¿Cómo es posible? ¿Qué nos falta? INDUSTRIA.

La industria es la base sobre la que fundamentan su economía los países más modernos, prósperos y sólidos del mundo. El diseño y creación de nuevos productos innovadores y tecnológicamente avanzados es la base económica de Estados Unidos, Alemania, Japón, los países nórdicos de Europa, e incluso la Francia e Italia más prósperas.

España no puede continuar siendo un país con una economía dependiente de los servicios, el turismo y la agricultura. Creímos en su día que sí, que podía ser suficiente ser una economía de servicios. La realidad ha demostrado que los servicios son un fantástico complemento, pero que la industria es el corazón y los cimientos de toda economía moderna.

En las últimas décadas del siglo XX, la industria tuvo incluso mala prensa, porque se trasladó la imagen de una industria unida a contaminación, fábricas insalubres, o explotación de los trabajadores. Qué antiguos han quedado esos estereotipos. A los que continúen con esa visión de la industria les recomendaría una visita a la fábrica de Tesla, el fabricante californiano de vehículos eléctricos, cuyas fábricas robotizadas y sus operarios de alta cualificación van a llenar el mundo de coches tecnológicamente en punta de lanza, más silenciosos, sostenibles y ecológicos.

Decía Einstein que “sin crisis no hay progreso”. Estoy absolutamente de acuerdo. La crisis ya se está empezando a superar. Ahora queda la reconstrucción de los cimientos de nuestros próximos 100 años. Aprovechemos para cambiar estos cimientos, con una política decida y creativa de industrialización, basada en los últimos avances tecnológicos, que acelere la transformación de nuestros sectores industriales en la vanguardia mundial, incorporando en nuestras fábricas las tecnologías de punta de lanza que facilitan la robótica, la inteligencia artificial, la impresión en 3D, la biotecnología o la nanotecnología.

Como vimos en el caso de Finlandia, la España del futuro tiene que estar liderada por una base industrial en la vanguardia tecnológica mundial, capaz de diseñar, crear y vender en todo el mundo productos “made in Spain” competitivos, únicos y diferentes. O eso o millones de parados de larga duración.

La industria es nuestro único futuro posible.

Hace 10 años, antes de que la gran crisis económica asolara nuestro país, recuerdo que discutíamos con envidia el caso del milagro económico de Finlandia. Lo recordaré muy brevemente: Tras caer el muro de Berlín en 1989, Finlandia se encontró de pronto con que se quedaba de la noche a la mañana sin clientes para sus productos, que vendía mayoritariamente a los países comunistas de la órbita soviética. Caída brutal del PIB, desempleo galopante, crisis financiera…  Ante ese panorama desolador, Finlandia reaccionó y en sólo una década fue capaz de transformarse en el país más competitivo del mundo. A partir de entonces, Finlandia ha sido envidiado por su sistema educativo sin parangón, su sistema de bienestar social inclusivo y solidario, y una economía moderna, próspera e innovadora.

Cuando se estudian las razones de ese milagro, siempre se habla, y con razón, del fantástico sistema educativo finlandés, que efectivamente es la base sobre la que edifica su presente y su futuro. Sin embargo, se suele obviar otra gran explicación que está detrás del éxito económico finlandés: un importante conjunto de pequeñas y medianas empresas industriales modernas, tecnológicas e innovadoras, líderes mundiales en sus sectores, que son la base de la economía del país. Finlandia había sido un país dependiente de industrias tradicionales, como la maderera o la minera, y gracias a un proceso de “destrucción creativa” impulsado por su gran crisis, se creó una base industrial potentísima de empresas tecnológicamente en punta de lanza en dichos sectores tradicionales, y en sectores tecnológicos complementarios, como las ingenierías o incluso las telecomunicaciones. Finlandia podía tener el mejor sistema educativo del mundo, pero era también un país eminentemente industrial y tecnológico.

Durante los pasados 7 años de crisis económica, España ha vuelto a batir récords mundiales con sus tasas de desempleo. Siempre me he preguntado qué tiene España que nos hace ser tan débiles en materia de empleo. Cuando las cosas se tuercen en otros países, las alarmas suenan si se alcanzan tasas de desempleo del 10%. En España, cuando la economía se resfría, superamos con creces niveles de desempleo del 25. ¿Qué tiene España de especial?

La respuesta, como siempre, es compleja. Pero, ¿no será la falta de una gran base de empresas industriales uno de nuestros principales talones de Aquiles?

Somos una potencia turística de primer nivel mundial, tenemos una agricultura que es la envidia de medio mundo, tenemos un sector servicios bien desarrollado y moderno. Y con todo ello, tenemos una tasa de desempleo superior al 25%. ¿Cómo es posible? ¿Qué nos falta? INDUSTRIA.

La industria es la base sobre la que fundamentan su economía los países más modernos, prósperos y sólidos del mundo. El diseño y creación de nuevos productos innovadores y tecnológicamente avanzados es la base económica de Estados Unidos, Alemania, Japón, los países nórdicos de Europa, e incluso la Francia e Italia más prósperas.

España no puede continuar siendo un país con una economía dependiente de los servicios, el turismo y la agricultura. Creímos en su día que sí, que podía ser suficiente ser una economía de servicios. La realidad ha demostrado que los servicios son un fantástico complemento, pero que la industria es el corazón y los cimientos de toda economía moderna.

En las últimas décadas del siglo XX, la industria tuvo incluso mala prensa, porque se trasladó la imagen de una industria unida a contaminación, fábricas insalubres, o explotación de los trabajadores. Qué antiguos han quedado esos estereotipos. A los que continúen con esa visión de la industria les recomendaría una visita a la fábrica de Tesla, el fabricante californiano de vehículos eléctricos, cuyas fábricas robotizadas y sus operarios de alta cualificación van a llenar el mundo de coches tecnológicamente en punta de lanza, más silenciosos, sostenibles y ecológicos.

Decía Einstein que “sin crisis no hay progreso”. Estoy absolutamente de acuerdo. La crisis ya se está empezando a superar. Ahora queda la reconstrucción de los cimientos de nuestros próximos 100 años. Aprovechemos para cambiar estos cimientos, con una política decida y creativa de industrialización, basada en los últimos avances tecnológicos, que acelere la transformación de nuestros sectores industriales en la vanguardia mundial, incorporando en nuestras fábricas las tecnologías de punta de lanza que facilitan la robótica, la inteligencia artificial, la impresión en 3D, la biotecnología o la nanotecnología.

Como vimos en el caso de Finlandia, la España del futuro tiene que estar liderada por una base industrial en la vanguardia tecnológica mundial, capaz de diseñar, crear y vender en todo el mundo productos “made in Spain” competitivos, únicos y diferentes. O eso o millones de parados de larga duración.

La industria es nuestro único futuro posible.

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